Se define la paciencia como:

Capacidad de padecer o soportar algo sin alterarse.
Facultad de saber esperar cuando algo se desea mucho.
Lentitud para hacer algo.
Capacidad para hacer cosas pesadas o minuciosas.
Paciencia para dejar que las cosas sucedan tal y como tienen que suceder.
Paciencia para esperar.
Paciencia para que el resultado de algo ocurra en el tiempo indicado.
Paciencia para que las incógnitas con el tiempo se resuelvan.
Paciencia para vivir el momento presente y no esperando a que las cosas sucedan.
Paciencia para dejar que lo que se aleja vuelva sí tiene que volver.
Paciencia para vivir en calma y con el corazón en absoluta tranquilidad de que el tiempo siempre es el correcto y que la abundancia en todos sus sentidos es lo que merecemos, lo que nos da el universo si así lo creemos. Que cada carencia es resultado de nuestros pensamientos negativos o de una lección que toca aprender en ese momento.
El universo provee y siempre tenemos lo justo y necesario en cada momento de nuestra vida. No hay nada que no tenga un significado ni un por qué o para qué.
Cuanto nos quejamos de las cosas, cuantas dudas o incomprensión por lo que nos sucede a veces o el camino de la vida que llevamos o nos sorprende.
Buscamos un destino, una dirección que a veces es un camino oscuro, un laberinto donde acabamos dando vueltas en circulo. No podemos hacer planes, solo enfocar en una meta pero los sucesos que nos lleven allí o no, el día a día de cada uno de nosotros no podemos saberlo. Debemos adaptarnos a lo que nos viene en cada momento e ir tomando las decisiones que creamos convenientes para tal suceso.
Y a veces lo que creías que  era tu mañana, tu futuro, la vida se encarga de ponerlo del revés y te deja tan perdido que no sabes si vienes o vas. Y paras, te quejas y no comprendes nada. Intentas buscar soluciones, un camino, un modo de seguir en la misma dirección. Unas veces son solo baches en el camino solventables y otras te cambian de dirección por completo. Y vuelves a empezar… A empezar de nuevo a construir tu camino, tus metas y objetivos sobre esta nueva perspectiva y realidad. Pensando que nunca volverá a ver un cambio de dirección pero siempre hay cambios. La vida es un cambio constante en un movimiento infinito.
Con el tiempo maduramos, maduramos por las lecciones aprendidas, por las cicatrices, caídas, sueños rotos, ilusiones incumplidas, por frases, gestos de otros, por acontecimientos pasados, por alegrías y experiencias inolvidables.
Nuestra historia, esa, que es solo nuestra, de la que somos protagonistas, los actores y actrices principales del papel de nuestra vida. Esa que va formando el carácter y la personalidad del actor o actriz principal. Lo que transmite, piensa, siente y refleja cada arruga de su rostro sea por tristeza y dolor o alegría y risas. La mirada, esa que va cambiando con el paso de los años. Esa que esconde y guarda el secreto de la esencia de su verdadera alma; de su verdadero YO.
Paciencia…
El secreto mejor guardado a la vista de todos.
Una palabra que abre las puertas a la tranquilidad, al sosiego, reposo, la paz mental, al fluir con la vida, con la naturaleza y el entorno.
La paciencia del que descansa, medita y piensa con la tranquilidad de que todo lo que necesite será concedido en el momento idóneo.
Paciencia, esa de la que tantos sabios hablaron y plasmaron en relatos y textos para enseñarnos el tesoro más antiguo y más valioso.

Tenemos paciencia, la entendemos, comprendemos y aplicamos en nuestra día a día para fluir en sintonía con la vida?, ¿somos pacientes para dejar que las cosas lleguen en el momento adecuado con serenidad, tranquilidad y paz?.

Sagrario Rodríguez

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