Un capitulo de mi vida duro, largo y traumático fue aprender a perdonar a aquellas personas que un día me causaron un tremendo sufrimiento y dolor. A perdonarme a mi por sufrir y por no comprender o haber hecho algo diferente en aquellos momentos.

El perdón es un proceso largo, de profundizar en las heridas aún abiertas, en lo que has guardado e intentado olvidar en algún lugar oculto de tu interior. Es abrirte a los sentimientos reprimidos, al dolor, rencor, frustración, odio, resentimiento, miedo, a todos esos sentimientos que evitamos y no queremos ver ni sentir.

El primer aprendizaje para dejar ir, soltar y perdonar es perdonarte a ti mismo porque el pasado y lo que paso no se puede cambiar y fue lo que tenía ser. Nada de lo que no hiciste se podía hacer. Fue tal y como tenía que suceder. Que hoy eres quien eres por tu pasado y lo que haces con él y con tu presente.

Porque para perdonar hay que mirar a ese miedo y esos sentimientos como un aprendizaje, crecimiento y superación personal. Porque para perdonar primero tienes que amarte, respetarte, entender que no eres perfecto y que haces lo que puedes en cada momento.

Porque perdonar a otros es solo para ti, para tu libertad, para tu paz y tu tranquilidad. Para poder seguir tu vida con las heridas sanadas y así comenzar a vivir con esperanza, bondad, respeto, entendimiento, comprensión, feliz y con amor.

Porque el miedo nos paraliza, porque el miedo no te deja avanzar, porque el miedo y el dolor te condena a una infelicidad constante.

Se que es difícil, que el camino del perdón te remueve por dentro porque enfrentarse a él a veces te hace volver a los infiernos, pero con valentía, paciencia y mucho amor hacía ti mismo se consigue salir del pozo. ¡¡La recompensa merece la pena!!.  Porque una vida sin mochilas, aprendiendo a cuidarte a ti mismo, mimando cada herida hasta cicatrizar hace que puedas alcanzar la paz y tranquilidad que tanto se desea.

Oigo a gente decir que hay cosas que son imperdonables y es cierto, hay cosas tan horribles que cuesta de entender pero siempre, siempre, se puede perdonar. Este es el camino que me ha hecho más fuerte, más comprensiva y más humana, el del perdón.

Cuando empecé el proceso de perdón, me preguntaba como era posible que una y otra vez se repitieran las mismas circunstancias y experiencias parecidas en mi vida. Y me di cuenta que tenemos las relaciones que creemos merecer. Que si tú no te quieres y respetas a ti mismo, los demás no lo harán. Que estamos condenados a vivir y experimentar las mismas cosas una y otra vez hasta que aprendamos la lección. Que el cambio comienza en uno mismo y que atraemos el reflejo de lo que proyectamos. Que tenemos que saber poner limites, cuidarnos y rodearnos de lo que queremos, de aprender a elegir a quien tenemos en nuestra vida y que vida elegimos y creemos merecer.

Aprender que hay cosas que no depende de nosotros, que hay cosas que no se pueden evitar pero si se pueden superar.

Sufrí abusos sexuales cuando era una niña desde los tres o cuatro años hasta los siete más o menos. No recuerdo exactamente las veces ni el tiempo que duro, pero si recuerdo la sensación de miedo, asco y vulnerabilidad. Inconsciente de que estaba pasando durante muchos años no supe la gravedad de aquello, de lo malo y de lo que perjudico mi forma de relacionarme con los demás.

Con nueve años volví a vivir varias veces ese episodio con otra persona distinta. Aquello fue mucho más violento porque ya era más mayor y mas consciente. Recuerdo el pánico, recuerdo la primera vez que me agarro con tanta fuerza y me aprisiono el cuello para poder tocarme que casi me ahoga y pierdo el conocimiento. Recuerdo huir, intentar escapar, buscar caminos distintos para llegar a casa y no encontrármelo. Recuerdo el silencio, la soledad, la vergüenza, el pánico, lo asqueroso. Jamás pude dar voz a esto, solo lo intente una vez, quizá a la persona incorrecta porque no me creyó y me hizo sentirme juzgada.

Admiro a las personas que pudieron denunciar, a las que alzaron la voz y a las que les tendieron una mano, les comprendieron y les acompañaron en el camino. Yo, quizá porque era demasiada pequeña, porque no entendía nada y porque no tuve la seguridad de poder confiar en alguien o alguien que pudiera tenderme una mano en aquel momento, lo viví en el más absoluto silencio, con mis propios mecanismos, guardándolo en un lugar tan profundo que no pudiera recordarlo. Pero todo lo que guardamos nos condiciona, esta ahí aunque no lo queramos ver, porque siempre hay algo que te hace recordar y revivirlo, porque te acompaña y te cambia.

Cuando les perdone tuve que perdonarme a mi misma por sentirte avergonzada y creer que nadie si sabía mi historia podría quererme. Porque no comprendía que fui una victima y la vergüenza no era mía si no del comportamiento de quien lo hizo.

Esto hizo que me embarcara en relaciones sentimentales con personas que no me respetaban, que me maltrataron física y psicológicamente. Y solo me preguntaba como era posible, como podía ser la vida así de hacerme revivir y pasar por tantas cosas una y otra vez. Pase por tanto dolor y sufrimiento que el caer, levantarme y reconstruirme de las cenizas una y otra vez se convirtió en algo normal.

Tenía lo que creía merecer, sí, es difícil de entender pero es cierto. Yo elegí ese tipo de relaciones, consentí y aguante porque yo quise. Quizá porque nunca supe ver el mal en las personas y solo lo bueno, quizá porque los abusos que sufrí en mi infancia o lo que me decían me hicieron creer que no merecía que me trataran bien, porque tenia la falsa creencia que el amor y las relaciones son resignación y sufrimiento. Porque eso hizo que yo me culpara, no me respetara y no me quisiera lo suficiente.

A sí que, después de tantas cosas, después de sentir como te rompes por dentro, después de tantos años de sentirte perdida, de ver y sentir tanto sufrimiento, llega un día que dices basta. Llega un día que no puedes seguir viviendo así. Llega un día que te miras al espejo y ves lo que hay escondido detrás de tantas capas. Porque un día ves la luz, lo que te mereces y quieres vivir de otra manera. Que ya no puedes más, que el cambio solo lo puedes hacer tú. Que las fuerzas que te quedan y que inexplicablemente consigues encontrarlas dentro de ti, tienes que emplearlas por y para tu felicidad. Para una vida mejor.

Aprendiendo a perdonar comprendí que todo tiene su sentido. Que cada suceso me convirtió en la persona que soy. Que me hizo ser mejor persona; compasiva, fuerte, valiente, resolutiva, resiliente, independiente y más inteligente.

¡Y los más importantes!!.

APRENDÍ:

De la desvaloración: a valorarme a mi misma y no poner mi valor en lo que los demás piensen o digan de mi.

Del abuso: la compasión por aquellos que guardan sufrimiento en su corazón. A entender y mirar al otro como igual y comprender que sus actos están marcados por experiencias dolorosas, creencias o patrones adquiridos en la infancia. Que sufren y solo pueden calmar su dolor haciendo daño a otros. No les excuso pero si he llegado a comprender y mirar con compasión por su camino. Y a ser la mano amiga, compañera de aquellos que fueron abusados.

Del abandono y desprotección: a ser mi propio hombro, mi mano y mi pilar, a no depender de nadie siendo independiente. A ser resolutiva y descubrir que somos más fuertes de lo que creemos.

Del miedo: a enfrentarme a el con valentía, a no dejar que me paralice y me controle. A enfrentarme a el como un guerrero y no dejar que condicione mis pasos, mis decisiones y mi vida. A ser precavida y ver el peligro mucho antes. A cuidarme. Y vencerlo.

De la envidia: a amar al otro porque no se da cuenta de sus propios dones y de lo que puede llegar a conseguir. A través de su envidia veo lo que anhela y lo que ve en mi que le resulta valioso. A dar las gracias por ser mi reflejo y maestra para ver lo que ellos ven en mi y yo no me daba cuenta. A agradecerles que a través de su envidia no queriendo que tenga lo que tengo me enseñaron a amar y alegrarme por lo bueno y la felicidad del otro.

Del odio: me enseño el rencor y sufrimiento que guardan algunas personas en su interior y me hizo ser humilde, respetar y agradecer por nunca guardar odio o rencor en mi corazón. A desearles amor porque el odio te destruye a ti mismo por dentro y no a la persona que crees odiar.

Del abuso de poder: a ser una líder que respeta a los demás, que escucha, que busca soluciones y no reproches o culpables. A dar valor a cada uno y fomentar la unidad y el grupo. Porque juntos se consiguen mejores cosas. Porque todo el mundo tiene algo que aportar. Aprendí que un buen líder no crea seguidores sino lideres del mañana.

Del egoísmo: a no esperar nada de nadie y a saber vivir con poco o mucho. Valorar la belleza y las cosas que realmente importan. Que lo material no tiene sentido sino tienes amor, personas a tu lado, salud y felicidad. Que en este mundo hay cosas infinitamente más importantes y bellas. Que la abundancia esta en nuestra riqueza interior.

Del robo: a no sentir apego a las cosas. A crear mis propios recursos para volver a generar o tener lo que un día me robaron.

Del maltrato: a defenderme, a veces físicamente y otras con la inteligencia y astucia. Aprendí que hay veces que no se puede ganar la batalla pero podemos ganar la guerra. Podemos volver a reconstruirnos y levantarnos de nuevo eligiendo otras compañías o otros lugares. A poner limites y ser asertivos.

De la indiferencia: a alejarme de donde no es tu lugar.

De la esclavitud: a amar la libertad, a elegir y decidir sobre mi y mi destino. A no dejar que me encarcelen con creencias, palabras y lo que se supone que debes o no ser o hacer. A respetar la libertad del otro y no mantenerlo encarcelado con nuestros engaños, necesidades y carencias.

Para finalizar si lo que tienes en tu vida no te hace feliz, empieza a mirarte a ti mismo y a cambiar. Porque el cambio empieza desde tu propio interior, porque solo nosotros mismos podemos dar los pasos y crear una vida mejor.

Porque se puede alcanzar la paz, porque podemos comenzar de cero, porque se puede ser feliz a pesar de tu pasado. Y no se encuentra en los demás, hay que buscarlo en el interior. No serás feliz con nadie si no eres feliz por ti y contigo mismo.

Porque el perdón es un acto de amor a nosotros mismos, para encontrar la tranquilidad y la paz.

¿Tendrás valor para perdonar, aprender, construir tu nueva vida y empezar de cero cuando sea necesario?.

Sagrario Rodríguez Potenciano

2 Comentarios

  1. Mª Ángeles González de Souza

    Sagrario valiente. Sagrario bonita hasta el extremo. Con tus palabras rozas el alma. Te expones con una valentía que emociona. Y de una infinita vulnerabilidad, nacida de esa brutal y mezquina barbarie que describes, nos trasladas mucho más que un mensaje de esperanza. Haces que tus reflexiones, al leerlas, se traduzcan en algo parecido a un dogma de fe. En un universo real, de personas reales que tanto lo precisan. Ofreces una oportunidad de volver a creer.
    Si perdonar puede resultar difícil, perdonarse a uno mismo es un reto que muy pocos pueden superar.
    Y es desde esa inmensa sinceridad que tu has sido capaz de transformar en la fuerza infinita que transmites, desde donde logras sembrar esperanza. Incluso allá donde el miedo, la rabia y el dolor la habían desterrado por completo.

    No es la primera vez que siento la necesidad de agradecerte tus palabras. Tu manera tan particular e impactante de transmitirlas.
    Solo pedirte que no dejes de hacerlo.

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    • slowindigo

      Infinitas gracias Mariam por tus palabras tan bonitas que me conmueven y me llegan al alma. Muy agradecida siempre por tus mensajes y comentarios tan sinceros, llenos de cariño y esa profundidad que siempre haces gala. Amo el mensaje que te llega de lo que escribo, tus reflexiones y conclusiones tan bonitas y llenas de amor. Un abrazo y un beso enorme lleno de luz y amor. Gracias, gracias, gracias por ser como eres.

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